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Aprendemos a interpretar los sonidos

La interpretación de los sonidos tiene también que ver con las experiencias previas. Asociamos determinados sonidos con determinados eventos en un proceso de aprendizaje.

«La percepción recorre un largo camino evolutivo a lo largo de la vida. La esencia de este desarrollo radica no tanto en enriquecimiento cualitativo como en la profunda reestructuración cualitativa, en virtud de la cual las formas elementales directas de percepción van siendo sustituidas por una compleja actividad perceptora, entre cuyos componentes figuran tanto la labor efectiva para el conocimiento del objeto como el análisis de los atributos esenciales del mismo, efectuado con la participación inmediata del lenguaje.
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El proceso perceptivo se halla estrechamente relacionado con la activación de las pautas de la experiencia anterior, con el cotejo de la información que llega al sujeto y las representaciones anteriormente formadas, la comparación de los influjos actuales con las ideas antaño cristalizadas y el desglose de los indicios sustanciales, con la creación de hipótesis sobre el alcance supuesto de las informaciones recibidas, la síntesis de los rasgos perceptivos en conjuntos plenos y la «toma de decisión» sobre la categoría a que se refiere el objeto percibido.

Alexander Luria, 1978

Siguiendo el pensamiento de Vigotsky (del que fue discípulo), Luria destaca el papel del lenguaje en los procesos perceptivos.

Conviene rescatar, para nuestro trabajo, esto que remarcamos: los sonidos funcionan como señales, que rescatan sus significados de nuestro «banco de recuerdos sonoros», con sus respectivo campo de asociaciones.

Muchas de esas experiencias son comunes a la mayor parte de la gente, otras, pertenecen a comunidades más reducidas. Muchas también son experiencias absolutamente personales. El sonido de la lluvia puede ser un ejemplo de experiencia sonora más o menos universal, el crujido de grandes masas de hielo al quebrarse es una experiencia de habitantes (o visitantes) de zonas de glaciares o pobladores de la Antártida o le Artico.


Un experimento

Lo realizamos con nuestros estudiantes. Les hacemos escuchar un clip de sonido de rotura de vidrios. Lo identifican como tal y les preguntamos cómo se dieron cuenta. La respuesta es, siempre, porque lo escucharon antes.

Eso no es cierto. Cada cristal al romperse crea un conjunto de ondas único e irrepetible. Depende de muchísimos factores. Sumemos la grabación, la reproducción (en determinado ambiente y con determinada acústica) y llegamos a la conclusión que es imposible que hayan escuchado ese sonido antes.

Lo que ocurre es que en algún momento de su vida construyeron una relación entre un conjunto (amplio) de sonidos a los que rotularon como rotura de vidrio. Ese rótulo verbal les permitió ubicar el clip dentro de la categoría.

Para alguien que vive en una cultura donde no existe el vidrio, el sonido no tendrá ninguna significación o alguna diferente.