«El cine y la televisión son dos versiones, tecnológica y socialmente distintas, de un mismo lenguaje que se define por un cierto tipo de combinaciones entre palabras, música, ruidos, menciones escritas, imágenes en movimiento...»

Metz (citado por Comparato)

"De la creación al guión. Arte y técnica de escribir para cine y televisión". La Crujía. Buenos Aires. 2005

Diferencias

La televisión, que se nutrió inicialmente tanto del lenguaje del cine como del teatro, también fue desarrollando sus propias características.

A partir del hecho de que la televisión compite con el ambiente en la atención del espectador, la televisión desarrolló un ritmo más rápido en el relato que el del cine (a cada momento pasan cosas), prestando menos atención a la sutileza del encuadre y el trabajo con los planos.

Comparato detalla, entre las diferencias:

«...diferencias socio-psicológicas y afectivo-perceptivas en las condiciones concretas de la recepción (la pantalla pequeña se opone a la grande, la sala familiar al edificio colectivo, la luz a la oscuridad, el escuchar distraído a la atención continua...)»

Nosotros deberíamos agregar que el pequeño formato en la pantalla de la computadora también marca diferencias (en contra). Los elementos distractores son muchos y compiten en la atención del que mira. No sólo no se da el proceso de «inmersión» propio del cine (sala oscura, actividad concentrada en mirar/escuchar, ángulo visual amplio) sino que el ángulo visual es muy pequeño y los estímulos externos muchos y variados.

Los videos para educación deberían ser, entonces, bastante breves y de calidad suficiente como para mantener la atención del estudiante.


Videos en la computadora

Lo que decimos sobre las diferentes condiciones entre el cine y el video, en cuanto a la competencia del entorno, se agudiza en el caso de los pequeños videos que podemos ver en los monitores de las computadoras (con las tecnologías actuales disponibles). Ni hablar de los celulares..!


Lo peor: los bustos parlantes

El paradigma del video educativo inservible es el de los llamados bustos parlantes: plano medio del profesor que habla y habla mirando de frente a la cámara.

Es curioso que quienes despotrican contra la llamada clase magistral presencial, consideran este tipo de videos como tecnología disruptiva que vendría a revolucionar la educación. De hecho existen reservorios de este tipo de videos que condensan la transmisión de información en videítos de cinco minutos sobre diversos temas.

Lo repetiremo una y otra vez: la tecnología no redime. Una clase magistral aburrida, no mejorará porque se la firme y distribuya como video streaming, por más tecnológico que suene.


La videoconferencia

Una excepción a lo anterior es la videoconferencia, una versión en tiempo real del busto parlante, que se justifica en situaciones en las que el orador no puede coincidir en el mismo lugar físico con los oyentes o alumnos.

Es el caso de actividades de educación en la modalidad virtual, por ejemplo. O de un docente que reside en otra ciudad o país.

De cualquier manera, no hay que abusar del recurso, ya que es muy difícil concnetrar la atención durante períodos prolongados. Digamos que un orador muy interesante, que puede hablar dos horas sin cansarnos ni aburrirnos, en videoconferencia comenzará a volverse insoportable pasada la media hora.