El video como lenguaje
   
 


 
 

Cuando se habla de lenguaje del cine (el primero de estos medios en construir el suyo propio), nos encontramos con diversos enfoques y puntos de vista. Algunos proponen una interpretación metafórica que hace un paralelo entre el lenguaje oral y escrito y el del cine (cuadros por sílabas etc.). Otros destacan aquello que fue distinguiendo al cine del teatro filmado, enfoque que compartimos.

Los inicios

Todo medio nuevo se inicia utilizando el lenguaje de uno o más de los precedentes. El cine (de ficción), en sus comienzos fue teatro filmado: la cámara fija enfocaba a los actores, que entraban y salían de la escena como si se tratara de un escenario.

Muy pronto, los directores comprendieron que no había porqué ceñirse a esa limitación. La cámara nos permite mostrar cosas que un espectador de teatro no puede ver. Por ejemplo, un primer plano del rostro del actor, mostrando detalladamente las expresiones que adquieren una trascendencia que no tienen, posiblemente, en el teatro.

Estos enfoques diferenciados se llaman planos y constituyen uno de los componentes del lenguaje cinematográfico.



Movimientos de cámara y sonido

Otro de los nuevos componentes lo constituye el movimiento de cámara. Cuando la cámara pudo desprenderse del trípode, el punto de vista dejó de ser estático (mirar la escena desde un lugar).

«El cineasta francés Alexander Astruc definió la historia de la técnica cinematográfica como la historia de la liberación de la cámara. De hecho, los primeros grandes films de la historia del cine no surgieron hasta el momento en que los cineastas abandonaron las tramoyas teatrales buscando un lenguaje propio basado en la planificación y los movimientos de cámara».

Romaguera, Riambau, Lorente y Solá «El cine en la escuela. Elementos para una didáctica». Editorial Gustavo Gill. Barcelona. 1989

Finalmente, con la incorporación del sonido, se agregó un nuevo elemento distintivo. La banda sonora ocupa hoy un lugar muy importante en el discurso cinematográfico, siendo esencial en la creación de climas en los que se desenvuelve el relato.

Con la incorporación del sonido a la imagen, el cine experimenta un gran salto expresivo. El sonoro complementa, integra y potencia la imagen visual y contribuye al realismo.

Fernández Diez y Martínez Abadía (1999) «Manual básico de lenguaje y narrativa audiovisual». Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona, Buenos Aires.



Sistemas de códigos

Nos referimos a lenguajes, en el sentido de sistemas de códigos. Sistemas «no naturales», los que, por tanto, deben ser aprendidos, como cualquier otro lenguaje. El hecho de que el aprendizaje del lenguaje del cine y la televisión sea no sistemático para la inmensa mayoría de las personas, no cambia las cosas. En todo caso nos señala que esos aprendizajes no siempre alcanzan la profundidad necesaria para que las personas no sean manipuladas a través de las emisiones.

Preocupación que viene de lejos, aunque los sistemas educativos no hayan avanzado mucho en la dirección de incluir estos lenguajes entre los contenidos a trabajar en la formación de niños y jóvenes.

«La deficitaria presencia del cine en las actividades académicas, paralela a una penetración masiva de los medios audiovisuales en el contexto cotidiano...»

...comienzan diciendo en su libro Romaguera, Riambau, Lorente y Solá (1989). No es un comentario original ni novedoso. Desde los años 50 del siglo pasado (¡qué lejos que suena..!) se viene escribiendo, hablando, opinando en esa dirección. Lo incluimos sólo para puntualizar la falencia, reiterar que los lenguajes se aprenden, y si no se aprenden sistemáticamente, se aprenden de manera insuficiente.

Diversos autores despliegan conceptos acerca de las características de los sistemas de códigos no verbales. En muchos casos hablan de una gramática, lo que no deja de ser apenas una metáfora, ya que la precisión del lenguaje oral y escrito no tiene parangón con los otros sistemas de códigos, muchos más abiertos y difusos.

Por ejemplo, al explicar el carácter artificial del sistema de códigos del cine, Fernandez Diez y Martínez Abadía (1999), desarrollan y fundamentan el concepto

«La narrativa audiovisual y el lenguaje se nutren de reglas y códigos comunes que han ido estableciéndose a lo largo de más de un siglo de existencia del cine. Más de cien años de esfuerzos en pro de comunicar todo tipo de mensajes destinados a la comprensión de los receptores, han configurado una gramática mundialmente aceptada...»

«Manual básico de lenguaje y narrativa audiovisual». Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona, Buenos Aires.

No compartimos lo de gramática mundial (muchos autores consideran que el mundo cultural es el occidental), pero sí el concepto central. Más adelante agregan:

«Finalmente, los creadores tomaron conciencia de que la cámara no actuaba como el ojo humano, y por lo tanto no podía reproducir de la misma forma la vida, ni siquiera en su apariencia visual. [... ...]

La técnica, al fracasar en la intención de presentar la realidad, obligó al uso de la convención para poder representarla mediante su recreación. [... ...]

El cine y los medios audiovisuales son únicamente una articulación artificiosa de imágenes basada en la convención y, por lo tanto, en la existencia de un lenguaje audiovisual»


Jorge Larrosa (2006) lo dice de modo poético:

«Es muy posible que allí donde no se puede decir nada empiece justamente el cine. [... ...] lo que hace que el cine sea cine y no otra cosa, esté, justamente, en aquello que sólo se puede decir con el cine...»

Notas sobre cine e infancia. En Educar la mirada. Manantial, Flacso. Buenos Aires.

Reiteramos algunas cuestiones que planteamos en relación a las imágenes
Toda imagen es una construcción. No existe una «representación objetiva de la realidad» ni aún en la fotografía documental. Como señala acertadamente Prieto Castillo (1999)

Una fotografía dice siempre menos que la realidad y dice siempre más. Menos, porque capta apenas un aspecto de ella, no puede jamás recrearla en toda su riqueza. Más, porque incluye la intencionalidad del comunicador.

En esa relación, el más y el menos, nos movemos a diario. Porque percibimos paisajes, situaciones, personajes; están allí, podemos verlos. Y a la vez es necesario reconocer que esa presencia es una construcción, un recorte intencionado, una toma de posición por parte de quien fotografía, filma, graba, dibuja.

Esta construcción de mensajes visuales, conlleva siempre una intención comunicativa. Se producen objetos visuales para comunicar algo a alguien. Y esa comunicación será exitosa siempre y cuando el destinatario de la misma pueda decodificar correctamente el mensaje. Correctamente significa aquí: según las intenciones comunicativas del emisor del mensaje.